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LAS LEGUMBRES Y SUS SECRETOS

 

Tradicionalmente, las legumbres se suelen remojar previamente a su cocinado. Y es que nuestros antepasados ya se dieron cuenta de las ventajas que supone realizar este procedimiento. Actualmente se sabe que  las legumbres y especialmente la fina piel que las recubre, contienen oligosacáridos (un tipo de hidrato de carbono) cuya molécula está formada por varias moléculas de azúcares simples tales como la galactosa.

Los humanos no poseemos enzimas capaces de descomponer estos oligosacáridos en nuestro intestino. Las bacterias del colon, especialmente las del género Clostridium, sí los descomponen, convirtiéndolos en gases como el dióxido de carbono, el hidrógeno y el metano.

 

¿ES POSIBLE EVITAR LA FORMACIÓN DE GASES? 

En buena medida, se pueden evitar los indeseables efectos que conlleva su consumo, a saber; gases y flatulencia a nivel intestinal atendiendo a los siguientes consejos:

  • Remojarlas: tras 12 horas de remojo, desaparece la mayor parte de los oligosacáridos productores de gas. Es aconsejable cambiar el agua una o dos veces. El remojo es más efectivo si el agua que se vierte sobre las legumbres está hirviendo.
  • Eliminar las pieles: se puede hacer manualmente antes de cocinarlas o bien pasándolas por un pasapurés una vez que están cocinadas.
  • Ingerir un preparado farmacéutico que se conoce en algunos países como “Beano”. Se presenta en forma de comprimidos inocuos cuya composición es la enzima alfa-galactosidasa, capaz de desdoblar los oligosacáridos de las legumbres antes de que lleguen al intestino grueso y sean metabolizados por las bacterias productoras de gas.

 

Autor: Isabel Cruz

 

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